Edgar Allan Poe Halloween

Llega Halloween y nosotros leyendo a Poe…

“La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra”.

La sentencia está tomada de la lista de doce consejos para escribir un cuento que nos dejó Roberto Bolaño con la excusa de cumplir 44 años. Un documento verdaderamente fascinante. Esta especie de juego de informaciones cruzadas, absurdas, decisivas, que recuerda a Borges y a Cortázar, hilarante, deslenguado, contradictorio, pero también lleno de buenos y reales consejos y orientaciones, da para más de doce camisetas… Da para lo que se quiera, se coja por donde se coja. Nosotros lo hemos querido coger por Poe, quizá por dar otra puntada en nuestra propia red de referencias, quizá porque sí. Quizá porque los cuentos, por lo visto -leed la lista de Bolaño…-, hay que escribirlos de tres en tres…

Pero es que además se acerca el Día de Muertos… Valga esa mayúscula como énfasis para señalar esta fecha polisémica (Halloween, todos los santos, la Santa Muerte…) en la que calaveras, cementerios, ambientes siniestros, góticos, nocturnos, románticos o coloridos inundan las calles.

Esa panoplia cultural de la muerte tiene sus popes, sus referentes, e incluso sus rockstars más o menos fugaces. Y entre ellas, en la base de la cultura occidental moderna, sin duda y bien en el centro del foco, encontramos la obra y figura de don Edgar. Sus cuentos y sus poemas constituyen un pilar básico en la construcción de los mitos y los cánones de las aproximaciones artísticas diversas al trato con el más allá. Desde una perspectiva más fantástica, más científica -o científica-policíaca-, más terrorífica o más romántica, las obras claves del autor se han convertido, en los dos últimos siglos, en fuentes estéticas de las que no han parado de beber novelistas, poetas, músicos, pintores, ilustradores, dramaturgos, cineastas… todo tipo de artistas que han buscado en un punto de partida o de referencia en las relaciones del hombre con la muerte.

Más allá de su discutida imagen de artista maldito, apegado al exceso, la contradicción y el aventamiento de todo tipo de pasiones, Poe es hoy, sin duda, un auténtico icono posmoderno, y esa es la dimensión que justifica la vehemencia de la reflexión de Bolaño. Porque el autor natural de Boston, no sólo fue pionero de diferentes géneros y vertientes literarias -es prácticamente unánime su consideración como “padre de la novela policíaca”, por ejemplo-, sino que es uno de esos creadores cuya obra desprende una influencia tremenda. A la devoción de Bolaño es fácil sumar la de genios como Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Julio Cortázar, H. P. Lovecraft o el mismísimo Juan José Millás…  

La muerte mira al artista a los ojos constantemente. Poe, como su mítico personaje Auguste Dupin, aplicó el método científico a su tarea profesional, quizá incluso a su propia construcción como escritor mítico. Y el mito sobrevivió. Pero aún nos dijo algo más sobre el arte de morir: “De todas las gloriosas muertes, la más gloriosa de todas debe ser morirse de risa”.

Enlaces de interés:

https://revistas.ucm.es/index.php/DIDA/article/view/36323

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/edgar-allan-poe-maestro-terror_14764

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